De las heterotopias

Leo “Los otros espacios” de Foucault y pienso en Venecia, ese lugar que parece, por un lado, feria montada para el turista, una ciudad fake como Las Vegas pero que, en realidad, imita a sí misma. Allí la vida no parece suceder en sus trivialidades cotidianas, propias del peatón, del obrero, del trabajador que vive en la ciudad y la “utiliza”. Todo está montado para el disfrute del foráneo, del que viene a disfrutar de un concepto.

Venecia es a la vez una heterotopia y una utopia; un lugar recreado a partir de su ideal de ciudad veraniega, romántica, gondolera, pensada para lunas de miel (ésta, un ejemplo de heteropia aportado por Foucault), pero también una ciudad que no existe más allá de su idealización. Otro ejemplo de heterotopia que se aplica muy bien a Venecia es la imagen reflejada en el espejo: existe, pero no más que como reflejo.

Venecia se desvanece y se convierte en un teatro, montado para los millones de turistas que invaden los canales. La población local huye. La ciudad, en tanto cuerpo y organización civil, da lugar a un parque de atracciones. La historia de Venecia puede empezar a incluir su propia desaparición ya no bajo las águas, sino bajo los pies de los turistas.

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