William Shakespeare

La actualidad de “Troilo y Crésida”

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En una primera lectura de Troilo y Cresida entrado el siglo XXI lo más llamativo es cómo Shakespeare pudo escribir una obra tan llena de ironía y cinismo a principios del siglo XVII (1602), cuando los valores clásicos aun eran exaltados. De hecho, si él mismo había sido criticado por no cumplir las reglas aristotélicas de la tragedia griega, no sería extraño si Troilo y Crésida fuese considerada por la crítica de su época inmoral, una obra que distorsiona e invierte el bien y el mal. A la vez, no sorprende que Troilo y Crésida esté entre las denominadas “problem plays”, tanto por su contenido satírico, obscuro y pesimista, por su estructura y personajes que no parecen encajar ni formar un todo bien entrelazado. Tampoco sorprende que Manuel Herrera Bustamante, a principios del siglo XIX, haya considerado Troilo y Crésida como “una de las composiciones más ridículas” de Shakespeare.

Sin embargo, me parece muy acertado lo que dice Nutall (en Shakespeare the Thinker), que el autor abandona a sus personajes al destino, la trama de la obra se dispersa y lo que queda son esas gimnasias del pensamiento moral y ético o “just philosophy” y dice: “So, in this play, Shakespeare is more intellectual, more technically philosophical in the full meaning of the word, than in any other”. Troilo y Crésida, quizás por su tono satírico y, por ello, necesariamente crítico, es donde más se ve un ejercicio claramente filosófico y crítico del dramaturgo y si, en esa obra, el valor, la razón, el honor, la acción y la verdad son pasados por una trituradora, el salto hacia la comparación con la filosofía existencialista es muy fácil de dar. Shakespeare desmonta la realidad, deja el hombre desnudo ante su destino y, así, vemos hombres incapaces de elegir, incapaces de ser hombres. ¿No es exactamente eso lo que dice Kierkegaard? Por eso, Joyce Carol Oates dice quewhat is so modern about the play is its existential insistence upon the incomplete inability of man to transcend his fate”. Ahí está la esencia del existencialismo, desde Kierkegaard hasta Sartre: el hombre es el responsable de su vida, de superar su entorno, de actuar según un sentido superior a sí mismo.

En Troilo y Crésida no hay ni un solo atisbo de sentido moral elevado, nada que vaya más allá de la inmediatez de las apariencias, de la vanidad, de la búsqueda egocéntrica de la gloria y del placer. Los héroes griegos de la Iliada son transformados en tontos, viles, incapaces de actuar. Tersites, que aquí funciona como un bufón, el más lúcido de todos y no hesita en decir que la guerra de Troya, en la que están inmersos hace siente años, es una lucha por una “puta y un cornudo”; Áyax tiene el “cerebro en los músculos”; Aquiles no quiere saber de luchar y pasa su tiempo en su tienda con Pátroclo (“su puto”, como le dice Tersites); Ulises, Agaménon, Príamo, Paris, hablan mucho y no hacen nada. Héctor es el único que tiene algo de decencia, pero termina asesinado de la manera más vil por Aquiles y sus Mirmidones. Finalmente, Troilo y Crésida, que deberían formar la pareja romántica de la obra (si pensamos en otras parejas que dan título a obras de Shakespeare, como Romeo y Julieta o Antonio y Cleopatra) solo llegan a estar juntos una noche y lo que sería la historia de un amor es, más bien, la historia de la infidelidad.

Nutall dice que es una obra inteligente y enferma y que Hamlet podría haberla escrito. Es verdad. También es verdad que es una obra que es mejor comprendida después de dos grandes guerras, y de haber perdido la fe no solo en la política como salida, sino, lo que es mejor, en la guerra. Pándaro, tío de Crésida y alcahuete que la une a Troilo, termina la obra echando una plaga al público, contaminándolo con su sífilis. ¿Qué efectos podría haber tenido esa obra en el 1602? Parece ser que ella nunca fue representada en vida de Shakespeare y, si lo fue, se hizo para un público cerrado. Hoy es más fácil entenderla, después del nihilismo, del existencialismo y de las falsas apariencias del capitalismo. Troilo y Crésida es perfecta para nuestra época porque ya estamos curados de espanto.

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