John Berger

G., de John Berger

El origen del mundo, Courbet

El origen del mundo, Courbet

“G.” es un libro sobre un Don Juan que vaga entre la fuerza del sexo y la potencia de la historia. No que ésta le interese, más bien lo contrario, pero se encuentra atrapado por su inevitabilidad. Su vida como niño rico y abandonado por la madre a los cuidados de familiares, que aprendió sobre los placeres simples del campo, pero también sobre el lujo de la ciudad, es lo que le abre puertas hacia la naturaleza humana. En el sexo y en la política esa naturaleza se expresa en términos singulares, esenciales: la lucha por la supervivencia y la lucha por el poder. A su vez, el narrador tironea con la capacidad de dar cuenta de lo que está en juego en ambas luchas, especialmente en la búsqueda del placer que imprime la singularidad y complejidad de los seres humanos. Hoy casi no importa que formalmente la novela rompiese con muchos moldes. La reflexión que queda, inagotable y atemporal, se remite a la historia como peso más fuerte que el cotidiano del hombre y, a su vez, la experiencia del placer que le hace pulsar.

G. vagabundea entre los ricos de Europa, pero se enamora igualmente de baronesas y de limpiadoras, y siempre las ve igualmente interesantes, sin tener en cuenta su clase o tipo físico. La belleza está dispersa en rasgos variados: una nariz demasiado grande, un cuello largo, unas manos demasiado delgadas. La pasión se desencadena por algo más allá de todo eso. Lo que le atrae en las mujeres, desde muy temprana edad, es su misterio. G. busca la liberación de la mujer, hacer que ella se encuentre con su esencia lejos de sus roles socialmente atribuídos y que la encorsetan. Es un libro profundamente feminista.

No obstante, la clave de búsqueda de G. está en su borrosa identidad: mitad inglés/mitad italiano, mitad burgués/mitad plebeyo, él navega por un limbo transnacional que no le permite aferrarse a ninguna causa en particular, entre otras cosas, porque no tiene una tierra a la que llamar suya. Su drama es el drama de los desplazados, de los desclasados, como lo es también su soledad. Es víctima de la historia que lo atropella, tanto la suya personal como la de Europa, al borde de la Primera Gran Guerra.

Al final, el individuo se encuentra a sí mismo en la búsqueda más esencial, que es la del placer. Es lo que nos iguala y lo que nos hace vulnerables y fuertes a la vez. La identidad otorgada por instancias ajenas al propio ser (como también los roles y funciones sociales) carece de sentido e, incluso, dificulta el desarrollo de las facultades humanas de las que todos disponemos.

Aquí se puede leer las primeras páginas de “G.”, de John Berger.

 

 

 

 

 

 

 

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