palabras

Mansplaining: una nueva palabra en busca de traducción

mansplain

El inglés es una lengua sumamente creativa y plástica, tanto es así que el diccionario Oxford y otras instituciones interesadas en el desarrollo del idioma conceden el premio de la palabra del año (Word of the Year Award) a las palabras más ingeniosas y novedosas que se vuelven importantes en una determinada época. En el 2010, “mansplainer” (fusión de man + explainer) fue una de las candidatas a tal premio.  Rebecca Solnit, considerada la creadora del término, en su libro “Men explain things to me”, pero también en su activismo y participación diaria en las redes sociales, como Facebook y Twitter, habla de una práctica bastante masculina de no dejar que una mujer termine lo que está diciendo. Se mete e intenta concluir el pensamiento de su interlocutora. Otras veces, se empeña en explicar cosas sin preguntar si ella sabe algo sobre la cuestión, de manera complaciente. En su artículo para el Los Angeles Times, “Men who explain things“, ella da el ejemplo de una situación que vivió en una fiesta en la que un hombre hablaba sobre un libro interesantísimo (que no había leído), pero que venía siendo muy aclamado, por el New York Times, etc. Mientras lo describía, Rebecca pensaba que se trataba de otro libro muy parecido al suyo, pero su amiga le dijo al Sr. Importantísimo (como ella lo llama): “ella escribió ese libro”. Pero él no la escuchaba. Tuvo que decírselo tres o cuatro veces hasta que el hombre cayó en la cuenta de que tenía delante de sí la misma escritora de ese libro tan interesante. Rebecca Solnit, en su artículo, comenta:

“Los hombres me explican cosas a mí, y a otras mujeres, sepan o no de lo que están hablando. Algunos hombres. Todas las mujeres saben lo que quiero decir. Es la presunción que molesta, a veces, cualquier mujer en cualquier campo; que hace que las mujeres no se expresen y no sean escuchadas cuando osan expresarse; que aplasta a las jóvenes en su silencio señalando, del mismo modo que el abuso en la calle también lo hace, que éste no es su mundo. Nos entrena a dudarnos de nosotras mismas y a autolimitarnos del mismo modo que ejercita el exceso de confianza desprovisto de base en el hombre.

Ese síndrome es algo que prácticamente todas las mujeres  enfrentan a diario, también dentro de sí mismas, una creencia en su superfluidad, una invitación al silencio, algo del cual una carrera bastante digna como escritora (con mucha investigación y hechos correctamente empleados) no ha logrado liberarme del todo. Al fin y al cabo, hubo un momento allí en el que yo estaba dispuesta a creer en el Sr. Importantísimo y su confianza arrogante por encima de mi certidumbre temblorosa.

Versiones más extremas de ese síndrome existen en, por ejemplo, los países islámicos en los cuales el testigo de una mujer carece de estatus jurídico; de modo que una mujer no puede atestar que ha sido violada sin un testigo masculino que enfrente al violador. Algo que raramente existe.”

Las palabras describen hechos concretos, de la mente, del mundo real, del sueño. Nombrar, ya desde el Génesis, es dar a luz; lo que carece de nombre no existe. Tantas cosas existían antes de que fuesen nombradas, sean hechos físicos como procesos mentales, la gravedad o el inconsciente, pero nombrarlas les da una entidad individual, que permite que sean estudiadas, analizadas, observadas y comprendidas. El “mansplaining” es un hecho que atraviesa culturas. Como lo dice Solnit, y nunca está demás enfatizarlo, no todos los hombres lo hacen. Muchos sí. Es una práctica a la que estar atentos, hombres y mujeres sensibles al otro, al otro como igual, como par. Traducir “mansplaining” sería asumir que ese hecho también existe en castellano, entre nosotros.

La palabra “explicar” tiene una etimología interesante. “Plica”, en latín, quiere decir pliegue, como los pliegues de una tela, mientras que el “ex”, entre otras cosas, da la idea de abrir y cerrar. De ahí, ex-plicar es lo mismo que desdoblar, aclarar, allanar. Si nos ponemos serios, “androplicar” (¿una posible traducción para mansplain?) sería algo como complicar las cosas al estilo masculino, plegar como un hombre. Queda raro y retorcido. ¿Pero no será que cuando un hombre quiere explicar lo que una mujer ya sabe, o cuando no la deja terminar su frase o cuando quiere, de un modo u otro, callarla, lo que está haciendo no es retorcer una situación que, en su normalidad, en la igualdad, es tan sencilla como dos personas que tienen voz e igual derecho de alzarla como mejor le parezca? Androplicar es, entonces, plegar y cerrar el discurso, doblar la mujer para encerrarla en su silencio, doblegarla.

Seguramente es un verbo cuya definición encontrará eco en más de una mujer. Teníamos el hecho, ahora tenemos la palabra, nos falta conocerlo y reconocerlo y, quizás, en un futuro, superarlo.

 

*Traducción aquí realizada por la autora del blog.

Más información:

Aquí una entrevista con Rebecca Solnit sobre la invención de la palabra mansplain.

 

Anuncios